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La Reina Juana
de Antonio
Amaya
Hablado:
Celos de la luz y el viento, que tormento,
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Romance de Doña Inés de Castro
Doña Constanza salió de España pa’la Coimbra. Doña Inés la acompañaba, Doña Inés la acompañaba; su mejor dama y amiga. Don Pedro salió al encuentro con su corte a recibirlas y de Inés quedó prendado; nunca vio mujer tan linda. Doña Constanza de pena, por el rey se moría y el rey por Doña Inés, daba su alma y su vida. Doña Constanza murió y Portugal que sabía, la pena que la mató la muerte de Inés de Castro el pueblo entero pidió. La condenaron a muerte; la condena se cumplió, y al rey Don Pedro dejaron viviendo sin corazón, viviendo sin corazón. ¡Reina para Portugal! el pueblo a voces pedía y el rey busca la venganza, del amor que fue su vida. Le consumía la pena sin tener noche ni día y sin descanso buscaba aquel que le quitó la vida. Y por fin Inés vengada, en el palacio real; fue proclamada la reina del reino de Portugal.
La mulatita Con traje de colorines, chillones pero limpita. en la puerta de su casa jugaba la mulatita. Las niñas blancas del barrio allá en la esquina jugaban y la pobre mulatita por su color, la despreciaban. Las niñas blancas del barrio vieron que la mulatita en coche y caja blanca iba la ciudad infinita. Dios la miró dulcemente y la encontró tan bonita que dijo a los angelitos: ¡Jugad! con la mulatita.
Historia de un cartero Esta es la historia de un cartero una mañana se encontró una maleta muy bien cerrada y a su casa se la llevó. Tengo tres hijos, con éste cuatro en mi pobreza los he de criar y, aunque me mate a pedazos, a los cuatro los he de sacar. Cuando cumplió veinte años la quinta lo reclamó. No tengo padre ni madre que un obrero a mí me crió. Al poco tiempo tuvo la suerte de ascender, llegó hasta el grado, llegó hasta el grado de coronel. |
Romance de la Reina Mercedes
Una dalia cuidaba
Sevilla
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Eugenia de Montijo
Letra de León y Ochaíta
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Picadita de viruela
Se llamaba Dolorsita Y era tal´mente una flor, pero nadie a la mocita le dijo cosas de amor. Sevilla madrugadora la ve del cielo coser desde el filo de la aurora a alborado amanecer. Y a través del encaje de sus visillos, derechita a la niña va el estribillo: Picadita, picadita, picadita de viruela, con la cara morenita del color de la pajuela. Nadie le dice bonita, nadie de amor la camela, al verla señalaíta sentadita en su plazuela. Y el dolor de su penita, por Sevilla corre y vuela. No se casa esa mocita, por que tiene la carita picadita de viruela. Oculta en la celosía, Dolores lo vio llegar, le dijo sentrañas mías, quisiera contigo hablar. Y hablaron hasta de amores, mas siempre al amenecer, pensando siempre Dolores: ¡Ay Dios mío! si me ve. Y una noche que hablando salió la luna se cayeron las torres de su fortuna. Picadita, picadita, picadita de viruela, con la cara morenita de la flor de la pajuela. Uno le dijo bonita, por él la niña se cuela, y al verla señaladita, no ha vuelto por la plazuela. Y el aquel de su penita por Sevilla corre y vuela... No se casa esa mocita, porque tiene la carita, picadita de viruela. Un hombre pasó una tarde, cantando coplas de amor, la niña cerró cobarde los vidrios del mirador. Y el hombre que la cantara volvió otra vez a pasar: Los hoyitos de ésa cara, yo los tengo que besar. Y a través del encaje de los visillos, derechita a la niña fue el estribillo. Picadita, picadita, picadita de viruela, con la cara más bonita que la flor de la canela. No le ocultes tu carita mi bien a quien te camela y escucha dos palabritas sentadita en tu cancela. Y el aquel de su penita por Sevilla corre y vuela: Que se casa una nocita y aunque tiene la carita picadita de viruela. Se ha casado Dolorsita y al año, ¡vaya canela! nació la flor más bonita de toda la callejuela. Y Sevilla la amiguita, puso fin a la novela. Que ha nacido una rosita de una madre picadita picadita de viruela.
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Paca Mora
Madrugá del mes de Mayo
Paca Mora va a caballo
Corrió el mayoral celoso
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Los dos hermanos huérfanos |
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Sagrada Virgen del
Carmen,
Anduvieron calles y plazas |
a poco tiempo, la Lola,
y al poco tiempo la
Lola y allí fueron los suspiros
y allí fueron los
quebrantos |
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