Las canciones de mi madre

 

La Reina Juana

de Antonio Amaya
 

Hablado:
Blasón sobre el escudo soberano
Su madre le legó desde la Mota
Recuerdos de su infancia, allá en Castilla,
Mi mente bebe en épocas remotas,
Fue Reina, de Castilla propietaria,
Amo a un hombre con loco frenesí
La sombra de Felipe fue en su vida,
La locura de amor fue su existir.


Cantado:
De Isabel tuvo la sangre poderosa,
Y el sentir de su buen padre, Don Fernando,
La belleza de Granada fue en sus ojos,
Talismán de un corazón enamorado,
Burgos clama por su reina,
Valladolid de Don Pablo
Un mesón que hay en Tudela,
Acecha al enamorado,

A los pies del rey hermoso,
Sin descanso noche y día,
La nobleza de Castilla,
Suplicante le pedía,

 

Celos de la luz y el viento, que tormento,
Celos de la mar y el aire,
Doña Juana está rendida, que fatiga,
Que no se lo diga nadie,
Reina Juana por qué lloras
Si es tu pena la mejor
Por que no fue mal cariño,
Que fue locura de amor.

Encerrada entre paredes de un castillo,
La esperanza de su amor se le desboca,
Y en la sombra de los largos corredores
Las doncellas rezan por su reina loca,
Burgos, llora su locura,
Valladolid se lamenta,
Tordesillas la recoge,
De celos, ya, medio muerta.
En Granada Don Felipe
Sueño de mármol reposa,
Y en Castilla vive presa,
La locura de su esposa,

Celos de la luz y el viento, que tormento,
Celos de la mar y el aire,
Don Felipe se ha dormido, su cariño,
Que no lo despierte, nadie
Reina Juana por que lloras
Si es tu pena la mejor
Por que no fue mal cariño,
Que fue locura de amor.

 

 

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Romance de

Doña Inés de Castro

 

Doña Constanza salió

de España pa’la Coimbra.

Doña Inés la acompañaba,

Doña Inés la acompañaba;

su mejor dama y amiga.

Don Pedro salió al encuentro

con su corte a recibirlas

y de Inés quedó prendado;

nunca vio mujer tan linda.

Doña Constanza de pena,

por el rey se moría

y el rey por Doña Inés,

daba su alma y su vida.

Doña Constanza murió

y Portugal que sabía,

la pena que la mató

la muerte de Inés de Castro

el pueblo entero pidió.

La condenaron a muerte;

la condena se cumplió,

y al rey Don Pedro dejaron

viviendo sin corazón,

viviendo sin corazón.

¡Reina para Portugal!

el pueblo a voces pedía

y el rey busca la venganza,

del amor que fue su vida.

Le consumía la pena

sin tener noche ni día

y sin descanso buscaba

aquel que le quitó la vida.

Y por fin Inés vengada,

en el palacio real;

fue proclamada la reina

del reino de Portugal.

 

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La mulatita

Con traje de colorines,

chillones pero limpita.

en la puerta de su casa

jugaba la mulatita.

Las niñas blancas del barrio

allá en la esquina jugaban

y la pobre mulatita

por su color, la despreciaban.

Las niñas blancas del barrio

vieron que la mulatita

en coche y caja blanca

iba la ciudad infinita.

Dios la miró dulcemente

y la encontró tan bonita

que dijo a los angelitos:

¡Jugad! con la mulatita.

 

Historia de un cartero

Esta es la historia de un cartero

una mañana se encontró

una maleta muy bien cerrada

y a su casa se la llevó.

Tengo tres hijos, con éste cuatro

en mi pobreza los he de criar

y, aunque me mate a pedazos,

a los cuatro los he de sacar.

Cuando cumplió veinte años

la quinta lo reclamó.

No tengo padre ni madre

que un obrero a mí me crió.

Al poco tiempo tuvo la suerte de ascender,

llegó hasta el grado,

llegó hasta el grado de coronel.

Romance de la Reina Mercedes

 

Una dalia cuidaba Sevilla 
en el parque de los Montpensier.
Ataviada de blanca mantilla 
parecía una rosa de té.
De Madrid, con chistera y patilla,
vino un real mozo muy cortesano.
Que a Mercedes besó en la mejilla
pues son los niños primos hermanos.
Un idilio de amor empezó a sonreír.
Mientras cantan en tono menor
por la orillita del Guadalquivir.
María de las Mercedes
no te vayas de Sevilla.
Que el nardo trocar te puede
el color de tus mejillas.
Que quieras o que no quieras,
aunque tú no dices nada,
se nota por tus ojeras 
que estás muy enamorada.
Rosita de Andalucía,
amor se prendió en tus redes,
y puede ser que algún día,
amor te cueste la vida:
María de las Mercedes.
Una tarde de primavera 
Merceditas cambió de color.
Y Alfonsito que estaba a su vera
fue y le dijo : ¿Que tienes mi amor?
Y lo mismo que una lamparita
se fue apagando la soberana.
Y las rosas que había en su carita
se le quedaron de porcelana.
Y Mercedes murió empezando a vivir.
Y en la Plaza de Oriente y dolor,
para llorarla fue todo Madrid.
María de las Mercedes
mi rosa más Sevillana,
porque te vas de mis redes
de la noche a la mañana.
De amores son mis heridas
y de amor mi desengaño,
al verte dejar la vida 
a los dieciocho años.
Te vas camino del cielo
sin un hijo que te herede.
España viste de duelo
y el Rey no tiene consuelo:
María de las Mercedes.

 

 

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Eugenia de Montijo
 

Letra de León y Ochaíta
Doña María Manuela tiene dos hijas,         
una se llama Eugenia y otra Francisca.
Los majos de Granada las solicitan
porque las dos son guapas y granadinas.

Pero mi señora María Manuela,
que en los casamientos tiene mucha escuela,
les dice a los majos con mucho primor,
mientras abre y cierra su abanico malva:
-Paca ha de llamarse duquesa de Alba,
y Eugenia, señora de un emperador.
Y en la cuesta de Gomérez,
que al río dormido baja,
flor y nata de donceles
a doña Manuela cantan:

Estribillo
Eugenia de Montijo,
que pena, pena,
que te vayas de España
para ser reina.
Por las lises de Francia
Granada dejas,
y las aguas del Darro
por las del Sena.
Eugenia de Montijo,
que pena, pena.

Se salió con la suya
María Manuela:
una reina es de Francia
y otra es duquesa.
Pero Paca se muere
bajo la niebla,
y Eugenia en el Versalles
se siente presa.

Y está mi señora María Manuela
hecha una pasita junto a la candela
en aquel palacio del viejo Madrid,
con su pobre vida rota en dos mitades:
París que la llena de fatalidades,
y Granada viva de luz del Genil.

Y a la cuesta de Gomérez,
que al río dormido baja,
torna sus miradas fieles
mientras su vida se apaga.
Estribillo

 

 

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Picadita de viruela

 

Se llamaba Dolorsita

Y era tal´mente una flor,

pero nadie a la mocita

le dijo cosas de amor.

Sevilla madrugadora la ve

del cielo coser

desde el filo de la aurora

a alborado amanecer.

Y a través del encaje de sus visillos,

derechita a la niña va el estribillo:

Picadita, picadita, picadita de viruela,

con la cara morenita

del color de la pajuela.

Nadie le dice bonita,

nadie de amor la camela,

al verla señalaíta

sentadita en su plazuela.

Y el dolor de su penita,

por Sevilla corre y vuela.

No se casa esa mocita,

por que tiene la carita

picadita de viruela.

Oculta en la celosía,

Dolores lo vio llegar,

le dijo sentrañas mías,

quisiera contigo hablar.

Y hablaron hasta de amores,

mas siempre al amenecer,

pensando siempre Dolores:

¡Ay Dios mío! si me ve.

Y una noche que hablando

salió la luna

se cayeron las torres de su fortuna.

Picadita, picadita, picadita de viruela,

con la cara morenita

de la flor de la pajuela.

Uno le dijo bonita,

por él la niña se cuela,

y al verla señaladita,

no ha vuelto por la plazuela.

Y el aquel de su penita

por Sevilla corre y vuela...

No se casa esa mocita,

porque tiene la carita,

picadita de viruela.

Un hombre pasó una tarde,

cantando coplas de amor,

la niña cerró cobarde

los vidrios del mirador.

Y el hombre que la cantara

volvió otra vez a pasar:

Los hoyitos de ésa cara,

yo los tengo que besar.

Y a través del encaje de los visillos,

derechita a la niña fue el estribillo.

Picadita, picadita, picadita de viruela,

con la cara más bonita

que la flor de la canela.

No le ocultes tu carita

mi bien a quien te camela

y escucha dos palabritas

sentadita en tu cancela.

Y el aquel de su penita

por Sevilla corre y vuela:

Que se casa una nocita

y aunque tiene la carita

picadita de viruela.

Se ha casado Dolorsita

y al año, ¡vaya canela!

nació la flor más bonita

de toda la callejuela.

Y Sevilla la amiguita,

puso fin a la novela.

Que ha nacido una rosita

de una madre picadita

picadita de viruela.

 

 

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Paca Mora

Madrugá del mes de Mayo
cuando los trigos peina la brisa
Paca Mora va a caballo
entre los toros de su divisa.
De lejos la van siguiendo
los ojos negros del mayoral
que al tiempo la está queriendo
sin que su boca le diga ná.
La niña también lo quiere
y no lo deja entrever
y antes morirse prefiere
que publicar su querer.
Paca Mora, ¡Ay, Paca Mora!
Yo se que te dan llorando
las claritas de la aurora.
¿No estás viendo, compañera
que el secreto de tus labios
lo delatan tus ojeras?
Deja a un lado los blasones
de tu orgullo y condición
y abre puertas y balcones
pá alegrar tu corazón.
Hazme caso, Paca Mora
y que no te den llorando
las claritas de la aurora.

Paca Mora va a caballo
soñando alegre con un "te quiero"
y de pronto, igual que un rayo,
le sale un toro por el sendero.

Corrió el mayoral celoso
a la defensa de su querer
por pronto que quiso el mozo
llegó la muerte primero que él.
La niña ya en la agonía
sonríe al verlo llorar
y en la mañana encendía
corre volando un cantar.
¡Paca Mora, ay Paca Mora!
Por ti se quejan llorando
las campanas de la aurora
y la alondra mañanera
va diciendo a la amapola:
¡Ay que pena compañera!
Que desgracia de este toro
que en la sombra y a traición
me robó la flor de oro
que nació en mi corazón.
¡Qué penita, ay Paca Mora!
Con mi voz irán doblando
las campanas de la aurora.

 

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Los dos hermanos huérfanos

Sagrada Virgen del Carmen,
dame fuerzas y poderes
para explicar el milagro
que has hecho con tus deberes.
Eran dos hermanos huérfanos
criados en Barcelona.
El niño se llama Enrique,
la niña se llama Lola.
El Enrique se marchó,
se marchó «pa’el» extranjero;
navegando por los mares
se hizo un grande caballero.
Disfruta de lo que quiere,
disfruta de su mejora,
tiene todos sus regalos
sin acordarse de Lola.
Mientras que la Lola llora
noche y día por su hermano,
a la Virgen del Rosario,
le reza por encontrarlo.
Se ha acercado un caballero
para casarse con Lola,
Lola acepta el casamiento
sólo por no hallarse sola.
Estando un día comiendo
le dice Lola al marido,
vámonos para La Habana,
tengo un hermano perdido.
Tengo un hermano perdido
y allí me han dicho que para.
Lola, tu gusto es el mío,
vámonos para La Habana.
Buscaron embarcaciones
y a La Habana se marcharon
buscaron habitaciones
en la calle de Margallo.

Anduvieron calles y plazas
sin conseguir encontrarlo,

a poco tiempo, la Lola,
su marido cayó malo.
Su marido cayó malo
de las fiebres amarillas

y al poco tiempo la Lola
quedó en el mundo solita.
Quedó en el mundo solita
y ya se ha visto obligada
a pedir una limosna
que se encuentra desmallada.
Se ha acercado un caballero
a pedirle una limosna.
El caballero le dice
con sentimiento: «perdona».
De que el caballero vio
a aquella joven llorar,
se ha echao mano al bolsillo
siete pesetas le da.
—Es usted una bella rosa,
es usted un bello clavel,
esta noche va por casa
que allí la socorreré.
La Lola fue por su casa
y el caballero la vio,
la ha cogido de la mano,
la metió en su habitación,
le pidió cosa imposible
y ella le dijo que no.
— Primero pierdo la vida
antes de manchar mi honor;
el caballero con ira
con un puñal en el pecho
primero pierde la vida
si no lograra mi intento.
— Si estuviera aquí mi Enrique,
el Enrique de mi alma,
sacaría la defensa
por la pobre de su hermana.
— ¿Es que usted se llama Lola?
— Lola me llamo, señor.
— Mátame, hermana mía,
que he sido tu inquisidor.
Y allí fueron los abrazos

y allí fueron los suspiros

y allí fueron los quebrantos
de los dos hermanos perdidos.