Monólogos

Repito tu nombre

Con la Iglesia hemos topado

Repito tu nombre y me vuelvo loca. Porque mi añoranza de ti es rayana a la locura. Repito tu nombre una vez y otra y otra y otra y otra hasta que el alma se me parte en dos y la pena me envuelve toda, desde la raíz del cabello hasta el centro de mis entrañas.

Lo pronuncio en sordina, luego bajito, luego más alto, más alto, más alto hasta que lo grito. Y al gritarlo los ojos se me anegan de lágrimas y lloro, lloro, lloro sin dejar de pronunciarlo.

Quiero pronunciarlo, quiero decirlo, quiero gritarlo porque lo añoro, añoro sus dos sílabas que siempre pronuncié con tanto cariño y que me prodigaban fuerza e invulnerabilidad.

Quiero decirlo porque no quiero olvidarlo, no

quiero perder la cos- tumbre de articularlo, de oírlo aunque ya nadie me conteste.

 A veces en la calle lo oigo decir a niño y corro, corro, corro para llegar a mi hogar y gritarlo, gritarlo sin fin hasta que su etimología pierda su sentido.

Y vuelvo como el primer día, a ser huérfana. Huérfana de tus abrazos, de tus palabras amorosas, de tus canciones dulces, del calor de tu cuerpo, de la suavidad de tus manos en mi rostro, del aliento de tu boca en mi mejilla.

Me canso de llamarte, me canso de llorar y afino el oído por si mi llamada recibiese respuesta. Porque mi cariño es ciego y mi corazón espera que por algún sortilegio inexplicable, vuelvas: ¡mamá!

Una vez más me sorprende ver a una periodista preguntar a toda una Vice-presidenta Primera del Gobierno español: María Teresa Fernández de la Vega, qué opina de los comentarios de la Santa Sede sobre la prueba de la selección de embriones para evitar el cáncer.

Educadamente, la Vicepresidenta le ha contestado que el "Ejecutivo tiene por norma no confrontar con la Conferencia Episcopal ya que ambas instituciones se encuentran en ámbitos distintos de la Constitución".

Yo le habría contestado a esta señorita "periodista" que las opiniones de la Santa Sede nos la sudan (y perdón por la expresión).

¿No sabe esta periodista que la Santa Sede es un estado independiente con sus normas y sus leyes?

Y ¿desde cuándo un Estado interfiere en las leyes de otro estado independiente?

Como se suele decir, la Santa Sede puede decir misa (nunca mejor dicho) pero, desde luego, lo que diga o deje de decir, en nada va a afectar, ni debe afectar, a nuestra política de sanidad. Más aún cuando España es un estado aconfesional.

¿O tenemos aún que explicar a estas alturas lo que significa un estado aconfesional?

Y que no se desgarren las vestiduras los católicos y lean un poco más la Biblia porque el Vaticano no

es ninguna represen-tación de Dios en la tierra.

Para eso tendrían que renunciar a sus pompas.

Y ¿de qué me suena a mí lo de las pompas?

¿No era aquella oración que el párroco de turno me obligaba a rezar siendo yo muy niña y que decía: "renunciad a Satanás, a sus pompas y a sus obras" mientras yo pasaba hambre y él se "jartaba" de jamón serrano y de buenos asados?

No veo yo, entre tanto lujo clerical, tanto boato, tantas POMPAS, la igualdad entre hermanos que predicaba Jesús.

Así que, citando la Biblia, demos a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.