Poesías
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Canto a la mujer cordobesa Esta poesía, es un homenaje a mi padre que siempre la recitaba en las reuniones de amigos y familiares |
Piropo a Sevilla Antonio Martínez Ares
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Ansiedad de tirabuzones saxo Vicente Fernández |
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Es
artista y cordobesa, |
Entre aquella animación,
alarmó a la gente seria; la luz que daban sus ojos.
Era arrogante y morena; |
el potro con gallardía, |
Costurero de la Reina,
esa Virgen Macarena TE QUIERO. |
Ya soy el único enemigo sobre el mausoleo del amor que tienes tú, adagio clandestino, para afinar los sueños; clávame violines en el pecho. Hay un ritmo de esferas alegre vivo, entre siglos y pentagramas azules que guarda las dulces leyes; su ausencia ya duele al viento. El aire sufre ansiedad de tirabuzones saxo y está desgarrando nubes; una mano de carmín maquilló la tarde otra oscura el placer: embozo divino. Sucede al deseo un lago virgo donde afluentes miopes hallan astros emulsivos, propongo aquí una cita soledad conquistada: pitonisa de alegres deicidios; pide oráculos húmedos a la reina del Olimpo.
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Destino
Destino eres mi enemigo, naciste en mala hora para acompañarme a mí hasta la última demora.
Destino eres mi guía, sabes donde van mis pasos y mientras ando tú vas, poniendo y quitando obstáculos.
Me obligas a escribir a gente que yo no amo y te olvidas recordarme a quien me estuvo esperando.
Destino eres mi estrella; donde tú vas, yo te sigo. Ni me desvío, ni me pierdo; siempre sigo tu camino.
A veces quiero escaparme, mas tú sabes que lo haré. Y, cuando llego a mi meta, allí estás tú también.
Destino eres mi amante, yugo fuerte y cadenas. Si me detengo me empujas y si me paro me frenas.
Destino eres mi fiebre, la inquietud que me domina; y a la tumba llevarás todo lo que fui en vida. J. Chamorro Copyrigth 1990
Gira, gira, ruleta; gran juego de la vida pierdas o ganes, ella va socavando heridas. J. Chamorro Copyrigth 1990
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Silencio
Cuando el clamor se apaga mil ruidos como gotas de lluvia nacen y cada cual se abre y habla; cuentan largas letanías extrañas.
En el oído quedan grabadas y se repiten sin cesar en el silencio. Son voces de lejanos mundos, cuentos de gigantes y hadas; son voces de niños que gritan y palabras de personas amadas.
Es como un trueno que explota, como una flor que renace, es una canción celeste que ángeles llevan y traen. Es melodía que mece y duerme, que te acuna con dulce llamar. Son los restos del gran ruido que quedan cuando tú te vas. J. Chamorro Copyrigth 1990
Mirada profunda de fuente viva matas con ella o das la vida. J. Chamorro Copyrigth 1990
Hay celos escondidos que vuelan y hieren. Y amores callados por donde el corazón muere. J. Chamorro Copyrigth 1990 |
Soledad
Lluvia... LLueve sobre mi alma. Qué triste su chisporroteo, qué anhelo tan grande, que plena su calma.
Lluvia... Su monotonía sobre mí descarga como tamborilero antiguo derramando lágrimas amargas sobre mi paraguas. LLuvia... En el jardín hundido entre árboles y plantas donde sobre sus hojas verdes se deslizan perezosas las gotas de agua.
Lluvia... Sobre los cristales de mi cuarto; pequeña y sucia ventana. Cuántas perlas transparentes cual patinadores y hadas.
Lluvia... Del otoño frío, solitario, del invierno que presagia. Ladrón del verano loco que viene ahogando llamas.
Lluvia... Suave sinfonía que canta melodías de amantes sobre el piano viejo de tierra encharcada.
Lluvia... Mas la lluvia no es tristeza. Solo es poeta niño. Y su romanticismo llora y la vuelve tormenta o delirio.
J. Chamorro Copyrigth 1990 |
Celos
Tengo celos de las mariposas que sobre el campo revolotean y forman con sus colores par a par mariposas nuevas.
Celos de los gorriones que cantan al nacer el alba para despertar con sus trinos mi alma solitaria.
La dicha es tan breve conmigo, es tan corta mi felicidad... Tengo celos del tiempo que pasa y que nada puede acortar.
J. Chamorro Copyrigth 1990
Banco de piedra abandonado que tantas edades has visto pasar ¿recuerdas aún los nombres de tantas parejas jurando amar?
Banco de piedra triste olvidado entre la hiedra; las promesas que me dieron yo las grabé en tu piedra.
Banco de piedra, todos creen que no tienes corazón. Si pudiesen ver tus lágrimas cuando se rompe un amor.
J. Chamorro Copyrigth 1990 |